
LeChuck, el pirata (*).
En los distintos discursos oficiales se habla sin mayor análisis de la «piratería». Se mete en el mismo saco al vendedor de software de «Wilson», el vendedor de películas en Polvos Azules, los que intercambian música a través de alguno de estos sistemas de intercambio (emule, soulseek, torrents, etc.). En palabras oficiales, todos son criminales.
De hecho, el gran problema al analizar las industrias culturales, radica en la criminalización de un fenómeno. Ya desde el arranque una práctica nueva, que hace uso de las nuevas tecnologías, es mala, ilegal, merece el desprecio y la persecusión de los gobiernos. Aquí lo que buscaremos es aproximarnos al fenómeno, pero no usando un término que por su carácter punitivo ha dejado de ser útil para cualquier comprensión.
Mucho se discute si las industrias dedicadas a actividades culturales pierden con la piratería. «Si en el Perú los libros académicos no se fotocopiasen impunemente, como hoy sucede, sus tirajes serían mayores, sus precios serían más bajos, los estudiantes podrían estudiar en volúmenes conservables por más tiempo», escribía Carlos Contreras (historiador, investigador y ex director de publicaciones del IEP, que citamos hace tiempo); «La piratería afecta al productor nacional», dice Martín Moscoso («jefe máximo de Indecopi», ex actor de Telba, ex profesor de un curso de teatro en Los Reyes Rojos, en entrevista de Henry Spencer ). En el 2006 se afirmaba que «la piratería de productos audiovisuales informáticos (CD y DVD) y libros han originado pérdidas para el gobierno de alrededor de US$ 98,6 millones por concepto de impuestos durante el año 2005″ (lo citamos también en su momento). Mientras, la industria del cine en Nigeria mueve millones de dólares, basada en el intercambio fuera del mainstream, similares a las que se ven en Polvos Azules.
Son datos que se calculan sobre supuestos ideales, y basadas en un modelo de producción e industria que privilegia la masificación y no la diversificación de bienes culturales. Muerto el soporte físico (soporte magnético -cintas, cassettes-, y prontamente los discos ópticos -cd’s, dvd’s), la circulación de bienes culturales se dará sobre la transmisión y descarga digital. En Estados Unidos, por ejemplo, la tienda iTunes de Apple se alista para vender películas por internet (es decir, que se descarguen por internet). Aquí es casi seguro que en los próximos meses veamos que las cabinas públicas serán también lugares de venta de música: «Trae tu llavero memoria USB, y descarga toda la música del Grupo Néctar por una luca». No es nada difícil de imaginar. Mientras tanto, INDECOPI sigue peleando porque no se vendan discos en El Hueco.
El auge del MP3 también trajo consigo la muerte del álbum (y del álbum concepto). No más canciones con transiciones, en el reino del MP3 el single es el rey. No se niega la posibilidad de que una propuesta artística reniegue del formato, pero hablando de mercados musicales, la producción apunta a la distribución de canciones, a la recombinación de listas de tracks y a la difusión de la obra en contextos nuevos (mejores ejemplos, Muxtape, Last.Fm, entre otros). O como narra George Yúdice en su introducción a «Nuevas tecnologías, música y experiencia», Donna Summer como ringtone. La música delínea nuestra experiencia minuto a minuto y es libre de la esclavitud del disco.
Al despenalizar la actividad que habitualmente se llama «piratería», notamos que existe la distribución de bienes culturales pagada o intercambiada, fuera de los canales corporativos. Que los canales corporativos no reportan grandes ganancias a los autores, y que juegan sobre una oferta y demanda final. Los precios que se establecen en el producto final no incide sobre el artista que crea la obra. Más y más artistas prefieren formas alternativas para vender sus productos fuera de los circuitos pre-existentes (como ocurrió con el último disco de Paul McCartney, Memory Almost Full). La radio y la televisión no son ya medios de rebote para los artistas, y Youtube o Myspace termina siendo un mejor lugar para promocionar una obra (sobre todo si el fin es llegar a un público joven). Es bacán lo que promueve la iniciativa Creative Commons, pero considero que debemos ir un paso más allá, hacia la despenalización de lo que comúnmente se llama «piratería».
Muchachos de INDECOPI, la guerra contra la «piratería» ya fue perdida. Los piratas no somos nosotros. Los piratas son aquellos que siguen defendiendo un modelo que no sirve más.
Un rebote: Las calles letradas de la avenida Wilson (Lapiz y Martillo)
Perútags:pirateria derechos-de-autor indecopi industrias-culturales musica libros cine arte peru nigeria nollywood piracy anti-ad martin-moscoso
(*) Si no saben quién es el Pirata LeChuck, preguntarle a Ron Gilber, el Grumpy Gamer.
Excelente post. Deberías colgar más posts de este tema para entenderlo realmente y enriquecer el debate.
Efectivamente Morsa, difunde más este punto de vista. En el fondo la gente sabe que esto de la piratería ya es un cuento chino, pero se tapan la boca para guardar las formas (proteger sus cargos estatales o no recibir una reprimenda de INDECOPI) o se hacen los locos con toda la c… del mundo, como el caso de Doris Moromisato, interesante poeta de antaño y patética directora cultural de la Cámara Peruana del Libro quien recomienda no ir al Hueco o a Mesa Redonda «porque son lugares muy peligrosos, te pueden pasar muchas cosas». Que lo he oído con estas mis orejitas.
Sobre el tema del cambio en el concepto de vida privada/vida pública prefieres observar y no definir una posición; sobre el cambio en el concepto de propiedad intelectual, ¿sí?
Cocoluchig:
En ambos casos no he perdido la observación y defino una posición, o mejor dicho, defino un lugar de enunciación. Y en ambos casos, prefiero evitar conceptualizaciones que criminalicen a priori los procesos y/o tendencias.
Mostro el post. Pero aguantation. Creo que estás identificando al mp3 como símbolo de lo caduco del sistema que penaliza la pirateria cuando creo que son dos cosas completamente distintas. Es decir, no me cabe duda de que la génesis del mp3 estuvo en la necesidad –o la curiosidad- del intercambio de música libre de transacciones monetarias. Eso por un lado. Pero eso no quiere decir que, años después en la era del mp3, los creadores no estén pensando en nuevas formas de hacer rentable y con justicia su profesión. Es decir, la piratería –tomar lo que no es de uno- siempre será ilegal y debe serlo. Y la formalidad siempre será el norte que toda empresa –los artistas son empresas- requerirá para funcionar bien. En ese sentido, yo no sé si el mp3 ha tenido más incidencia en fomentar la piratería (o en levantar un puño en alto por ella como más o menos lo haces tú) que en acostumbrar al público a una manera más rápida, efectiva y directa de consumir música o productos digitalizables y con ello traerse abajo a las grandes disqueras y a la forma, como bien lo apuntas, de relacionarse con el artista. Una cosa no tiene nada que ver con la otra, creo. Hace años que yo pago por bajar música de internet (básicamente música clásica, que ha tenido un florecimiento alucinante con internet y el mp3). Y no es por tontón, sino porque me es mucho más práctico y porque me gusta pagar por un buen servicio. Me parece que esa actitud tiende a construir un circulo virtuoso: yo te pago, pero asegúrate tú en darme más cosas y más variedad. No solo espero música, sino peliculas y, por cierto, libros on-demand. Pero eso en el futuro.
Pones el ejemplo de Paul McCartney. Pero Macca reemplazó EMI por Starbucks, que es otro canal corporativo, y uno gigantesco. ¿Qué le ofreció Starbucks? Distribución y, a cambio, Paul obtuvo su absoluta libertad creativa (ya está preparando otro disco, con EMI demoraba años). Por otro lado, la mayoría de artistas está llegando al siguiente consenso: con el mp3 el negocio ya no está en la venta de música (Macca apenas vendió 100,000 copias del Memory Almost Full), está en las presentaciones. Entonces no es del todo descabellado pensar que las grandes disqueras serán reemplazadas por monstruos como Live Nation, que se dedican a bookear artistas y manejar presentaciones y merchandising dejando a salvo la creatividad (Coldplay regala su primer single; Trent Reznor acaba de regalar su último disco; y Metallica –otrora enemigo de Napster- convoca Mission Metallica con material online y en mp3). Las placas tectónicas musicales se están moviendo, sin duda, y quienes más han sufrido y sufrirán son las grandes disqueras. Pero este cambio no es un síntoma del triunfo de la piratería: es un síntoma del triunfo del mp3.
Pd: Y just for the record: tú última línea me parece bien demagógica. Aunque sí estoy de acuerdo con que el diagnóstico de Carlos Contreras sobre los libros es errado. Presiento que los libros son cualitativamente otro problema.
Chévere el comentario, Luis. Gracias. Le da un poco de vueltas al tema y los datos que pones me parecen también pajas.
Lo que intenté decir en el post es el rollo de la criminalización de un concepto, el de la «piratería». En la entrevista que cito, la de Luis Carlos Burneo a Martín Moscoso, queda desde la posición oficial que todos somos piratas. Todos. De allí que un término (piratería) pierda su carácter explicativo. De allí que lo considere un término equívoco que debe desecharse. De allí que la frase, más bien burlona, te suene a demagogia.
Bajo esa lógica, si la piratería (como concepto) es un lugar vacío, una guerra contra ella es inútil. Es una guerra perdida de antemano. Yo no podría decir entonces que la piratería ganó la guerra, no, imposible.
Triunfo del MP3, sin lugar a dudas. Nuevos retos para las industrias culturales, también.
Excelente post
Ahora, lo caduco del actual modelo son los mecanismos legales con los que se regula la llamada piratería y no solo en el sector musical o del cine aunque se hable ambos secores pues son los más afectados , veamos el cierre de blocksbuster y los nuevos modelos de negocios.
Desde hace casi diez años podías conseguir toda la obra de Charly García por un peso en la plaza Rovadavia en Argentina en la época del Nápster el cual fue «cerrado» precisamente por un grupo como Metallica que creía aún en el antiguo modelo de representación del autor.
Te dejo los avances de mi tesis de investigación
http://www.cibersociedad.net/recursos/art_div.php?id=161
y otro post sobre el cierre de Blockbuster se pierde en la antigua Era
http://lunantagonica.blogspot.com/2007/01/blockbuster-se-pierde-en-la-antigua-era.html
saludos¡
andrea, yo el 2006 vi como vendían música en cd’s también. misiazo, nada como perú, pero su «compilado mp3 de salsa» (con su merengue del momento, porque los pobres no saben diferenciar salsa de merengones).
bacán, ahora reviso los avances de tu tesis.
saludos también 🙂
[…] No más piratería […]